¿APOSTASÍA… O INCULTURA?

 
Mentiras y cartas sin respuesta

“Mentiras democráticas y Cartas oficiales sin respuesta”

Escrito por el de P.B. Fabio Jesús Calvo Pérez

Precio 9 € + Gastos de envío.

Pedidos:   Tel.  987 336 095

Iglesia de Villamuñío (24344 – León, España)

 

La Biografía del P.B. Fabio Jesús Calvo, pueden leerla aquí, y comprobarán que ama la Música, y ha Compuesto numerosas piezas musicales, aparte de todo un Filósofo y Teólogo Escolástico (Clic Aquí).

 

 

PRÓLOGO

Nada tiene de extraño, que el revoltijo de ideas que contaminan como moderno basurero, el ambiente de nuestro fin de siglo XX, surjan los nuevos “Caballos de Troya” portando en sus entrañas el obligado fárrago de tópicos, caricaturas y conceptos mentirosos, que manipulen al ser humano y le desvíen de sus fines más sagrados: terrenos y celestiales.

Si la peor de todas las injusticias es la justicia simulada — decía Platón ­la peor verdad es la que renuncia a la noble facultad de cribar los conceptos, ana­lizar su alcance y demostrar la solidez de su cimiento.

Alimentar la inteligencia con el tópico de la calle, con la frase hecha que nos regala el sistema de turno, con la caricatura que falsea la realidad, es como alimentar la voluntad con la moral torcida o la meta desinflada de ilusiones creí­bles: una vaciedad, en suma, que nos convierte en ídolos con pies de barro.

Pero cuando sabemos atacar el tópico con la serena fuerza que nos aporta la claridad de principios, nos sentimos liberados del lastre de la vulgaridad, del cerco de la cobardía y de la insulsez del hombre hueco promovido por los siste­mas políticos materialistas y ateos y potenciado por la caja de resonancia de los medios de comunicación, por no llamarles de intoxicación.

Y es que la verdad produce frutos; los tópicos desengaños.  Al final siempre se vuelve a la casa paterna, con la cabeza rota como el borracho o con la vergüenza en el alma como el hijo pródigo.

El propósito del presente libro, querido lector, es confirmarte en esas con­vicciones profundas que todo ser bien dispuesto moralmente lleva dentro pero que no siempre se saben demostrar por falta de claridad de conceptos o facilidad en expresarlos. Cuántas veces, así, el silencio por falta de reacción contundente hace sentir la derrota o la discusión sin brillantez argumental.

No tengas miedo: la verdad se defiende por sí misma con la única condi­ción de que nos tomemos la molestia de conocerla mejor para plasmarla con mayor claridad de principios morales y de lógica delimitadora de conceptos fren­te a sus posibles términos equívocos.

Delimitar lo que de parecido tienen las cosas distintas y de lo que de distinto tienen las cosas parecidas, es función de filósofo, de la ciencia especulativa tan necesaria como siempre.

Pero no hace falta ser un Sócrates, para defender esa verdad que amamos puntal; la convertimos en parte de nuestra vida, si nos proponemos llegar a cono­cerla mejor con las sanas lecturas, con la reflexión individual, con la consulta a quienes van por delante, predicándola o enseñándola y con la huida de la super­ficialidad fantasiosa e indocta.

Se trata de ser grandes. No de parecerlo.  Se trata de cimentar, afianzar y exigir la intransferible validez de las raí­ces. No de discutir las formas de las hojas.

Se trata de gozar íntimamente con el descubrimiento de que lo verdadero es eternamente nuevo y que los cambios circunstanciales de la época, del siglo, de la tecnología, de los gustos o de las comodidades edulcorantes, no pueden jamás ni falsear, ni mejorar la esencia de nuestra naturaleza humana ya que “cada uno de nosotros somos el artífice principal de nuestro triunfo o de nuestro fraca­so” en frase Joseantoniana.

Y ya que es preferible la verdad al martirio, nos dispongamos a sacar el máximo partido a los tesoros de esa verdad que para ganarla con mayúscula (en su sentido sobrenatural y trascendente) antes hemos de saborearla y amarla con la minúscula de su valor cotidiano y hasta sabiamente terrenal.

Mal podemos ser fieles en lo grandioso si no lo sabemos ser en la santa monotonía del cada día.  Sólo hay dos clases de dogmas: los descubiertos por las ciencias positivas y los conocidos por las dos ciencias especulativas (filosofía y teología).       

Me propongo atacar a “los otros dogmas”. Esos que son el contrapeso, la ocultación y la falsificación de los dogmas especulativos: condición irrenunciable en el camino de la felicidad humana, meta del ser natural y sobrenatural del humano racional.

Las implicaciones que eso conlleva en la vida individual, social y religio­sa, son inmediatas e intrínsecas al fin propuesto.  Ya no es el “homo homini, lupus” (El hombre es un lobo para el hombre) del empírico y materialista filósofo Hobbes; pero tampoco podemos refinar su “contrato social” con el “homo homi­ni, deus”.

Tenemos que cultivar la nobilísima facultad de la Razón para cimentar y perfeccionar al hombre con lo que le trasciende y sobrepasa sin humillarla: la Fe sobrenatural. Ambas se complementan y no pueden ni contradecirse ni destruirse.

La verdadera y única cultura (no hablamos de civilizaciones) es la armonía entre la Razón y la Fe que realice las misiones temporal y eterna del ser racional (cre­ado a imagen y semejanza de Dios) y en esa andadura tan arriesgada como apasio­nante, conquistar su felicidad en este mundo y en el más allá eterno y glorificante.

De forma que la medida de su felicidad, marca la medida de su inteligen­cia (explotada, se entiende). Como la medida del bienestar social está en la altura del termómetro de la moralidad. Al fin, nada grande se hizo jamás sin esfuerzo.

De ahí que Donoso Cortés dijese que “no hay más que dos dictaduras: la que viene de arriba (haciendo alusión al Decálogo divino) o la que viene de abajo” (haciendo alusión a la ley convencional de los hombres). Por lo mismo, no hay más que dos formas de tiranía: abusar del poder… o no usarlo.

He recopilado una serie de mis artículos publicados en la revista quince­nal “Fuerza Nueva Editorial” (fundada por el eximio caballero español D. Blas Piñar) en cuyos epígrafes me hago abogado del diablo al recoger el tópico de la calle o la muletilla del sistema liberal, parlamentario, ateo y masón por ende, para blandir con contundencia y claridades lógicas, la espada exterminadora de la luz, ridiculizando las contradicciones insalvables de la mentira, cuando no la pobre­taria pseudo-intelectual del error esterilizante.

El error, es la inadecuación de nuestra mente con la realidad. La mentira, es la inadecuación de lo que expresamos con lo que creemos o sabemos. El tópi­co, es el caballo de Troya que bajo tentadoras apariencias literarias, inocula el veneno de la mentira y cuando menos, del error. Así, el tópico diluye, idiotiza, envenena, anestesia y manipula al ciudadano.

Cuando el error filosófico (ontológico, lógico o moral) o el ético, hacen presa en la sociedad, arrastra a males físicos y morales incalculables. A ellos se deben no sólo las catástrofes monstruosas de las guerras, sino también las mise­rias y subdesarrollos de los pueblos.

“La verdad es lo que es y sigue siendo verdad, aunque se piense al revés” -en verso de Machado-.

Rechazar la verdad no es refutarla. Podemos hasta odiarla, pero jamás ten­dremos derecho a quejarnos de sus amargas consecuencias.  Este es un libro para ser más pensado que leído. La razón no tiene más que un camino, antes y ahora y al contrario que el error, nunca nos hará daño hasta cuando nos pareciese amarga.

No es poco saber esto si queremos combatir el manejismo de masa. Por contra, tenemos el antídoto luminoso e irrebatible de Cristo: “Si os mantenéis en mi Palabra, seréis de verdad discípulos míos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. (Jn.8,31)

En la segunda parte, he seleccionado una pequeña serie de las muchas car­tas y escritos dirigidos a personajes del mundo de la política y de la Iglesia con el fin de aportar el punto de vista defendido por la Razón y la Fe secularmente irrebatibles, tratando de colaborar a la enmienda razonada y educada de los desmanes de nuestros actuales mandatarios (disculpen los lectores las reiteraciones de algunas frases).

El tufo modernista, liberal y hasta marxista que quiere desembocar en esa sinarquía mundial o tiranía universalista del sionismo judeomasónico, también ha intoxicado repentina e inexplicablemente a la secular y católica España en todos los ámbitos de los dirigentes.  Como nada hay más fuerte que la verdad, su silencio administrativo ya es de por sí elocuente. ¡Cuanto decimos con no querer decir!

Quede claro que todas estas cartas han sido enviadas a sus destinatarios certificadas y algunas con acuse de recibo. Ninguna ha sido fruto de la imagina­ción o del pasatiempo. Y lo más triste, como demuestro, es que cuando hay algu­na contestación, es para el acuse de recibo; no para un intento de refutación, de careo o de sanción.

Pero contestar no es responder.  ¿Ese es el amor a la verdad provechosa, colaboradora y perfectiva que nuestros jerarcas tienen para sus “democráticas” sociedades?

Júzguelo el amigo lector.

 

¿APOSTASÍA… O INCULTURA?

Capítulo XXVI

 

La sociedad española peca más de miedosa que de tonta. Y peca más de tonta que de mal intencionada.

Esta tesis la vemos evidenciada en hechos innegables del cada día y en el talante latino, ingenioso, imprevisible, hábil y hasta genial cuando quiere. Sabe donde le manca el zapato y cuál es la solución.

Pero junto a esa intuición natural, peca de comodonería hasta el egoísmo de esperar que otros le pongan el plato en la mesa, en la esperanza, sin fe, de que todo se arregle sólo y sin esfuerzos. No las manga… pero las goza. A lo sumo tira la piedra con tal de poder esconder la mano.

Nuestro inmortal Lope de Vega dedicó un satírico soneto a los ratones que acabaron preguntándose: “… ¿quién de todos ha de ser el que se atreva a poner este cascabel al gato?”.

Este es el caso de la España actual, que si tuviese un líder con poderes rea­les casi todo el mundo se volcaría en el hallazgo de su nuevo salvador y afloraría sus ímpetus patrióticos con un ” ¡ya era hora!”.

¿Por qué si no ese placer latente de adquirir llaveros, mecheros, banderi­tas y recuerdos de nuestra última y gloriosa historia patria?

¿Por qué esa fiel manifestación en la Plaza de Oriente los 20- N, aunque no haya correspondido en apoyo electoral a las causas que se dicen creer y amar?

¿Por qué si no esas tímidas manifestaciones convencidas de la necesidad de la pena capital como primera solución para el orden y la justicia públicas?

¿Por qué si no esa simpatía confidencial y asordinada sobre la figura valiente y lúcida de un Antonio Tejero, chistes admirativos incluidos?

¿Por qué si no esas quejas escandalizadas ante declaraciones tan cobardes, contradictorias y antipatrióticas de algunos Obispos?

¿Por qué si no ese deporte ya endémico de coleccionar manifestaciones callejeras contra el terrorismo, contra el paro y contra las leyes paralizadoras de la producción?

Si todos dijésemos lo que pensamos, otro gallo nos cantaría.

(página 109)

España no es tonta, sólo se ve anestesiada y si antes, con sus ideales de sociedad cristiana a flor de piel, se mataba por Dios y por la Patria, ahora som­nolienta en las glorias logradas por Franco, como niña caprichosa y abúlica por no haber sabido ganar la batalla de conservar la Victoria, sólo se mata por el suel­do y, cuando éste ya está seguro, no sabe ni morir ni matar por nada.

No es problema de pérdida de orientación moral, es problema de miedo a encararse contra la mentira y la traición y el temor a quedarse sólo contra la corriente. Y cuando se reciben los frutos de esa cobardía, sólo le queda el auto­engaño del “… tendrá que ser así”.

Y si peca más de tonta que de mal intencionada, el denominador común de ambos pecados no puede ser otro que el de la incultura, por lo cual, quien intu­ye la ley justa, la solución evidente, la postura valiente y no la acomete, aparte de cobardía supone también la falta de claridades mentales y culturales para saber defender eso que intuye como indiscutible. Es quien quiere hablar o escribir… pero no sabe y teme verse ridículo e indefenso.

ALGUNAS PREGUNTAS

Ciertamente puede haber aceptaciones de la verdad sin demostraciones, y demostraciones sin aceptaciones de la misma.

Cuando no hay exposición argumental lúcida, la verdad queda encerrada en la cárcel de los labios y así se explica que un pueblo inculto no pueda ser libre. Será sufrido hasta la estupidez, pero no libre. Se manifestará en el ruido del número, pero no gobernará.

Se hará ver en la nueva paraliturgia laica del culto a la nueva diosa demo­cracia, con las manos pintadas de blanco, en el nuevo templo de la calle, en el que se guarda silencio y no para rezar, pero no cambiará la satánica tiranía terrorista que ignora normas morales.

Le impondrán la estupidez de los lazos azules y le harán creer en la efica­cia de los mismos más que en los lazos untados de sebo en el cuello de los cri­minales y televisados, pero dejarán que le tomen el pelo.

La flojera cultural conduce a la indiferencia de principios convincentes y éstos, obligadamente, llevan a la abulia que diluye y evapora toda decisión firme diferenciadora de lo que de parecido tienen las cosas distintas y de lo que de dis­tinto tienen las cosas parecidas. Y un pueblo así se ve fácilmente manejado por las técnicas psicológicas de los medios de comunicación, por el sentimentalismo más superficial y efectismo irracional más demagógico.  El corazón sólo es un buen negocio para crear arte… y no siempre.

(página 110)

De ahí que quien por falsa bondad no condena nada, está condenando a los inocentes y está cavando su propia fosa.

Un pueblo que vive de lemas tópicos, del borreguismo de apuntarse a lo que hacen los demás, no puede sino nadar en vergonzantes contradicciones que estrangulan su progreso espiritual y por ende material y social.  Y aquí cuadra la irrefutable frase del Doctor Angélico:  “Dios hace triunfar al impío por causa de los pecados del pueblo”; que vertido al español diría: “Cada país tiene lo que se merece”.   Nada nuevo bajo el Sol.

¿Por qué si no esa votación de una constitución atea por parte de los que ni siquiera la han leído ni mucho menos asimilado? ¿Qué validez moral tiene una votación de inconscientes e iletrados?

¿Por qué si no esos abolicionismos “contra natura” de la pena capital, la indisolubilidad del matrimonio y la llave para el aborto, en una nación mayorita­riamente católica?  ¿Apostasía o incultura?

¿Por qué si no ese voto del miedo que hace creer a mayorías innúmeras que se quedarán sin pensión, ignorando la historia y la mecánica de ese feliz recurso instituido por Franco?

¿Por qué si no esos nuevos “conversos” a sectas y colaboradores de las mismas vendiendo libros bíblicos falsificados, como tontos útiles, que ignoran las excelencias irrebatibles de su propio catolicismo secular y pretenden ser doctores de “nuevas religiones”?  La ignorancia es más que atrevida.

¿Por qué si no esos programas insulsos y deformantes en horas punta, por­que los pocos buenos programas televisivos se ponen en horas y cadenas de menor audiencia? Si sólo se vende lo que se compra, ahí está en la telebasura generalizada el más irrefutable argumento de la superficialidad insultante y la insipidez vaciadora de elementos formativos. Por sus frutos…

¿Por qué si no tanto culto al deporte de masas desviador de la atención a libros, música clásica, cultivo de la religiosidad y desvinculador hasta el cultivo de la familia?

¿Por qué si no esa deformación erosionante del hermoso y gallardo idio­ma español en el que además del exiguo vocabulario cada día se pronuncia peor? Acentúan las preposiciones que no llevan acento, los pronombres posesivos y hasta los artículos, robando el acento a los sustantivos referenciados.  Se hacen lla­nas las palabras esdrújulas. Y eso, en presentadores públicos y gentes de carrera.

(página 111)

APOSTASÍA  NO  ES  LO  EXACTO

La Apostasía, como explicación a la decadencia moral y material (el ter­mómetro de la moralidad es el que se proyecta en el termómetro económico) no es exacta. Mejor hablar de descristianización práctica, que acarrea un distancia­miento del contacto con Dios y sus leyes, pero no una ruptura, como es el caso de la Apostasía

El que Apostata reniega de su fe y su religión en bloque. El hereje sólo rechaza una o algunas verdades dogmáticas. El caso de España (como el de Occidente) es de comodonería frente a las exigencias de su fe, por causa del hedo­nismo imperante, favorecido por la ausencia de autoridad civil y eclesiástica, a su vez como consecuencia del liberalismo materialista.

El español presume de ser católico hasta cuando reconoce no ser practi­cante. Y conserva la fe materna como innegable distintivo tradicional.

¿Su grado de infidelidad práctica? Se califica de infidelidad privativa – tér­mino técnico en teología moral -, que designa el poco aprovechamiento de los medios de que dispone para informar y formar su fe hasta hacerla operativa. Se trata de un pecado – grave – por defecto de amor a la Verdad, con serias conse­cuencias en su realización personal y social al quedar a media luz y acabar con­fundiendo la verdadera doctrina con una jerga de herejías. De ahí viene la actual herejía del modernismo – no la modernidad – que es una mezcla de todas las here­jías al caer en el inmanentismo protestante y libre intérprete de las Sagradas Escrituras.

Esta flojera doctrinal trae consigo un indiferentismo práctico, condenado en la encíclica “Inmortale Dei” de León XIII en 1885. Otros errores modernos (del siglo pasado ya) condenados por Pío XII en su “Humani Generis” de 1950, son los del evolucionismo panteísta, poligenismo, inmanentismo, relativismo dogmático, nueva teología y menosprecio del Magisterio de la Iglesia.

Este cóctel de errores es producto de la incultura religiosa más que de la mala voluntad. Es el confusionismo ideológico y la poca conciencia de las reper­cusiones que tiene en la vida pública y privada el no llevar una vida católica real.

PEDROS,  PILATOS  Y  JUDAS

Hasta para ser Apóstata hay que tener una cultura religiosa a la que repu­diar. Y es hasta más honrado el que Apostata por error y cambia de religión, que

(página 112)

Quien se difumina en creencias que no se compromete a cumplir. Aquel tiene convicciones. Este sólo opiniones (infidelidad positiva).

En España, según lo expuesto, hay más Pedros que Judas, y no hay más

Pilatos que Pedros porque los nuevos Pilatos ocupan unos nuevos puestos de la élite
burocrática. Todos sabemos que Pedro negó a su maestro en un momento de cobardía y miedo a enfrentarse con un ambiente hostil al divino Maestro. Pero no renegó y por eso su fe escondida afloró tras el profundo arrepentimiento.

Los Pilatos son los chaqueteros y actuales tránsfugas que idolatran su puesto burocrático o social, su posición económica, aunque tengan que hacer la vista gorda a la injusticia. Se tapan en la mayoría de votos, en “el sistema Democrático”, en “los consensos”, en “la legalidad vigente”, para ocultar su inmoralidad agente.

Pedros y Pilatos piensan en cristiano, pero votan en judío. Ponen hoy una vela a Dios y mañana otra al diablo.

Los nuevos Cristos son los crucificados por los Pedros, los Judas y los Pilatos. Para colmo, el Estado deja de ser confesional (contra la doctrina católica definida por Pío IX en el Syllabus) y la falsa libertad de cultos y sectas viene a confundir más el panorama moral – sociológico. Los sacerdotes denunciantes de tamaños dislates y traiciones somos acusados por muchos fieles de “hablar de política en la Iglesia”, evidenciando el bajo nivel de cultura religiosa en quienes creen que la religión no tiene nada que ver con los problemas de la calle y de la sociedad. Y quienes detectan la incompetencia del Estado liberal pierden el otro pilar de la confianza en lo legal. Ciertamente cuando el Estado no cree en Dios, más derecho tiene el ciudadano a no creer en el Estado.

El primer fruto del amor es la justicia, el segundo es la caridad y el terce­ro la poesía. No a la inversa.

“ODIUM  FIDEI”

Cuando no se acepta ni se impone ese orden a cualquier precio, comenza­mos la casa por el tejado y pasaremos la vida discutiendo dónde colocar las mace­tas o de qué color pintar la fachada mientras se nos agrieta toda la casa por no querer discutir los defectos iniciales del cimiento.

Por eso en democracia te dan derecho a pensar y expresarte, pero con una condición: con la de pensar y expresarse como piensa y se expresa la Democracia.

(página 113)

¿Recuerdan aquella frase de José Antonio: “a latigazos sólo se puede impo­ner la justicia; no la libertad”? Aquí, como somos más “modernos” que nadie, hacemos todo lo contrario. ¡Viva la cultura democrática!

La hipocresía queda plasmada en su propia obra llamada a apartar al hombre de su Creador y a hacer la guerra en el “odium fidei” a aquel que no lograron eliminar ni tras su crucifixión ignomiosa ni tras perseguir a los cristia­nos, y ahora le persiguen persiguiendo al cristianismo.

Querida España: deja tus superficiales sentimentalismos para redescubrir tus verdades intemporales que te hicieron el brazo derecho de la Catolicidad y evangelizadora de medio mundo.

Usa tu martillo de herejes contra tanto enemigo vengativo y revanchista que con piel de cordero te esconde el colmillo de la desunión y el desarme moral para poder destruirte.

Cultiva tus ancestrales talentos escondidos en el hoyo de la mera desidia y vulgaridad y de los que un día has de rendir cuentas de la justa proporción.

Redescubre tu auténtica historia sin las falsificaciones de los nuevos vivi­dores que entregan sus victorias sin jugarse el tipo.

Enorgullécete del mejor patrimonio que tus siglos han gozado y defendi­do, que es la fe católica y un Reinado social cristiano que ha sido la esencia de tu razón histórica. La verdad nunca te dañará cuando vayas en su busca, sólo cuan­do huyas de ella.

Reafirma tu propósito de levantarte y volver a la casa paterna cual hijo pródigo, seguro que fuera de ella no encontrarás nada mejor.

¿Por qué no reconoces que nada hay tan anticuado como pretender ser modernos?

 

(Página 114)

Foto P.B. Calvo (1)

Biografía de P.B. Fabio Jesús Calvo Pérez: 

Nacido en Joarílla de las Matas (León) y ordenado sacerdote el 1-6-69, ejerce su función ministerial de Párroco de Villamuñío (León, España) desde hace 47 años, y de otras nueve parroquias del Municipio de El Burgo Ranero (Camino de Santiago).  Allí, en la paz de estos pueblos tradicionales a lo tridentino, en sus pocas horas libres, compone música de estilo romántico, casi preferentemente de temática e inspiración religiosa.  Tiene re­gistrados 96 títulos, entre géneros largos y cortos: una sinfonía religiosa, un concierto para violín y orquesta, tres poemas sinfónicos, lieder, Stabat Mater, Te Deum, Magníficat (orques­tales con canto), música de cámara, piezas pianísticas, abundantes motetes en latín, roman­zas orgánicas, etc.

Lee con facilidad libros en Alemán, y su sentido filosófico le llevó al teológico por su amor a la Verdad, que es lo que plasma en su arte.  Va del fondo a la forma, como relieve del tema que celebra, canta y enaltece.  No sa­be escribir sin un motivo filosófico o teológico inicial.  La forma por la forma, es otra forma de insinceridad y el arte que no es sincero, es un juego de elementos, pero no arte estricto.  Por eso es más importante el pensamiento y la personalidad del creador que su producción, por muy técnica que esta fuese.

Todo ello lo hace para gloria de Dios y cultivo de su espíritu.  No busca otro fin, que tam­poco necesita.

Don Jesús no podía menos de intimar con D. José Ignacio Dallo, otro polo atractivo en la defensa de las mismas causas de Dios, Patria y Justicia, a quien admira y encumbra mereci­damente y consciente de las ingratitudes que estos sagrados deberes implican.

Su TE DEUM para cuatro voces mixtas y orquesta, responde a la celebración jubilosa del evento providencial del 25 Aniversario de la fundación y publicación de la valiente y cató­lica revista “SIEMPRE P’ALANTE”, cuyo creador y protagonista-director, D. José Ignacio Dallo, ha sido uno de los pocos sacerdotes intrépidos e inaccesible al desaliento, jugándose el pues­to, que nos quedan en esta desconocedora e ingrata de su propia historia llamada antes España.

Twitter Digg Delicious Stumbleupon Technorati Facebook Email

Sobre Para Mayor Gloria de Dios, El Siervo de Dios

Experto en Informática y en Bioquímica y Biología Molecular.

No hay comentarios aún. ¡Sea el primero en dejar un comentario!

Dejar un comentario