Explicación de la Parábola de las vírgenes necias y prudentes… El Premio o El castigo Eterno…

 

El Premio o El Castigo Eterno.

Las Parábolas Escatológicas son aquellas que hacen referencia explícita a la situación final de Premio o Castigo después de la Muerte.

 

“Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo.  Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; pero las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron consigo aceite; las prudentes, en cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus alcuzas.

Como tardase en venir el esposo les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó vocear: ¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su encuentro! Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas.

Y las necias dijeron a las prudentes: dadnos de vuestro aceite porque nuestras lámparas se apagan. Pero las prudentes les respondieron:  Mejor es que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcance para vosotras y nosotras.

Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta.  Luego llegaron las otras vírgenes diciendo:  ¡Señor, señor, ábrenos! Pero él les respondió:  En verdad os digo que NO os CONOZCO.  Vigilad, pues, porque no sabéis el día ni la hora” (Mat 25:1-13).

 

La Continua espera para Asistir a la Celebración de las bodas del Rey del Universo, por supuesto, en Gracia de Dios.

 

Estad Alerta, porque no sabemos el día y la hora, que Dios nos llevará a su Santa Presencia, para ver los Frutos que le llevamos, por tantos Dones y Gracias que nos ha dado.

 

La Lámpara simboliza nuestro Espíritu, que debe de estar llena de Aceite, que simboliza la Gracia Santificante de Dios (los santos Óleos, formados por aceite de oliva y bálsamo, bendecidos por un Obispo, que se usan en la administración de los sacramentos del bautismo, la confirmación y las órdenes sagradas, en la consagración de iglesias, cálices, patenas, altares y piedras de altar, y en la bendición solemne de las campanas y del agua bautismal).

 

Para entrar en el Reino de los Cielos es Absolutamente Necesario estar en Gracia de Dios, que se pierde por el Pecado Mortal, y se debilita por la comisión frecuente de pecados veniales.  La simbología de la Lámpara y el Aceite, nuestro Espíritu y la Gracia, nos ilumina otra faceta muy Importante, que para ser alter Christus, ipse Christus, Luz de las Naciones, necesitamos que el aceite se queme en una llama de Luz Eterna, reflejo de la Luz Divina, y por eso no podemos poner la Lámpara debajo del celemín, sino que debemos poner nuestro Espíritu Iluminado por la Gracia de Dios, en un lugar alto y visible, para ahuyentar las Tinieblas y ser Luz de Nuestros Hermanos, y conducirlos a la Patria Celestial, por el camino de la Verdad y las buenas Obras, que es Nuestro Señor JesuCristo…

 

El tiempo de espera puede llevar a que las buenas disposiciones se relajen.  No basta tener buenas intenciones, pues deben ir acompañadas por buenas obras.  El aceite también, son las buenas acciones exigidas a cada uno para poder recibir la Gracia de entrar en la Felicidad Divina del Cielo.  Después de la muerte de nuestro Espíritu causada por el pecado Mortal, es necesario una Correcta Confesión ante un Sacerdote Católico, con expreso y sincero dolor de atrición y contrición, la voluntad de no volverlo a cometer, para volver al estado de Gracia, apartándonos rápidamente de las Ocasiones de Pecado, y viviendo austeramente apartándonos de lo Mundano, del Demonio y de la Carne, con una vida Penitente, de Oración Frecuente al Señor, para no volver a caer.  

 

»Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón.

Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y tíralo; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.

Y si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala lejos de ti; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo acabe en el infierno.«  (Mat 5:27-30)

 

Estar vigilantes en todo tiempo y lugar es la condición necesaria para mantenerse en las buenas obras, dejar apagar la lámpara por culpa del sueño es caer en pecado.  Y la muerte suele sorprender con su venida.  Por eso las Necias son rechazadas e Ignoradas, no entrarán Jamás en el Cielo, lo peor que nos puede decir Nuestro Dios, es “Marchaos NO os Conozco, porque no Guardáis ni Cumplís mi Palabara y mis Mandamientos”.  Nos está diciendo que no Nos Quiere junto a él, sino lo más lejos Posible, claro está, en el Infierno.

Otra explicación de esta Parábola la encontramos Aquí:   De los comentarios de San Agustín. Sobre la Parábola de las vírgenes prudentes y las vírgenes necias…

 

Porque las Almas que van al Purgatorio, en Gracia de Dios, pero arrastrando todavía numerosos pecados veniales sin haber Cumplido y Satisfecho la Pena Temporal de los Pecados Mortales y veniales cometidos, aunque Perdonados por Dios en vida, en la Confesión, con todos los requisitos debidos.

 

Y que para presentarse como Santos e Irreprensibles ante Nuestro Dios y Señor, deben purificarse (durante un tiempo que depende del estado de cada Persona), como la Cera de una Vela, que ante la Luz Poderosa y Amorosa de Dios, se Funde, se Consume y se eleva hacia el Cielo Eterno de Dios, eliminando toda Impureza y Toda Pena Temporal, o sea, todo Pecado Venial que estaba adherido a ese Espíritu Impidiéndola entrar Directamente en el Paraíso Celestial.

 

La Pena Temporal es una Verdad, muy olvidada para muchos Católicos, y muy importante, significa por ejemplo, que una persona que haya cometido un homicidio, y se arrepienta ante el Juez Supremo en la confesión, al igual que pasaría con un juez humano, que aunque nos vea arrepentidos y pidamos el perdón de sus familiares, ello no significaría que nos ahorraríamos los 15 años de prisión, la cadena perpetua o la pena de muerte, vigente en la Legislación Penal de ese país, aunque con una reducción de condena parcial por nuestro arrepentimiento y por el buen comportamiento en la prisión de Alcatraz, por ejemplo.

La pena Temporal que debemos satisfacer en Vida, con nuestra Oración, nuestra Mortificación y nuestra Penitencia personal, para entrar directamente en el cielo, como hacen los Santos y los Mártires…  En casos especiales nos pueden ayudar las Indulgencias Plenarias o Parciales, como comento más abajo, pero, no se puede abusar de estos medios extraordinarios, que tienen unos requisitos que no siempre tendremos la Garantía de haber cumplido y que nos quitan mérito… 

«Mat 11:12,   Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos padece violencia, y los esforzados lo conquistan.»
«A diebus autem Iohannis Baptistae usque nunc regnum caelorum vim patitur et violenti rapiunt illud»

 

No sabiendo cuando dispusiera el Señor desde la eternidad venir a por cada uno de nosotros, conviene imitar a las vírgenes prudentes, para que de la mano de la Reina de todas ellas, vivamos cada día que nuestro Dios disponga, con prudente desasimiento de las seguridades terrenas y la mirada fija en el Reino de los Cielos, hacia el que peregrinamos, en constante espera del Esposo para que, aún durmiéndonos, no se apaguen las lámparas y podamos recibirle y entrar con Él a su Morada Eterna.

 

 

INDICACIONES DE ÍNDOLE GENERAL
SOBRE LAS INDULGENCIAS

1. El «Código de derecho canónico» (c. 992) y el «Catecismo de la Iglesia católica» (n. 1471), definen así la indulgencia: «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos».

2. En general, para lucrar las indulgencias hace falta cumplir determinadas condiciones (las enumeramos en los números 3 y 4) y realizar determinadas obras (en los números 8, 9 y 10 se indican las que corresponden al Año santo).

3. Para lucrar las indulgencias, tanto plenarias como parciales, es preciso que, al menos antes de cumplir las últimas exigencias de la obra indulgenciada, el fiel se halle en estado de gracia.

4. La indulgencia plenaria sólo se puede obtener una vez al día. Pero, para conseguirla, además del estado de gracia, es necesario que el fiel

– tenga la disposición interior de un desapego total del pecado, incluso venial;

– se confiese sacramentalmeпte de sus pecados;

reciba la sagrada Eucaristía (ciertamente, es mejor recibirla participando en la santa misa, pero para la indulgencia sólo es necesaria la sagrada Comunión);

ore según las intenciones del Romano Pontífice.

5. Es conveniente, pero no necesario, que la confesión sacramental, y especialmente la sagrada Comunión y la oración por las intenciones del Papa, se hagan el mismo día en que se realiza la obra indulgenciada; pero es suficiente que estos sagrados ritos y oraciones se realicen dentro de algunos días (unos veinte) antes o después del acto indulgenciado. La oración según la mente del Papa queda a elección de los fieles, pero se sugiere un «Padrenuestro» y un «Avemaría». Para varias indulgencias plenarias basta una confesión sacramental, pero para cada indulgencia plenaria se requiere una distinta sagrada Comunión y una distinta oración según la mente del Santo Padre.

6. Los confesores pueden conmutar, en favor de los que estén legítimamente impedidos, tanto la obra prescrita como las condiciones requeridas (obviamente, excepto el desapego del pecado, incluso venial).

7. Las indulgencias siempre son aplicables o a sí mismos o a las almas de los difuntos, pero no son aplicables a otras personas vivas en la tierra.

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Sobre Para Mayor Gloria de Dios, El Siervo de Dios

Experto en Informática y en Bioquímica y Biología Molecular.

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