Las Dictaduras que quedan (y las que vienen)…

Para que veáis el panomara del Planeta, y podáis intuir lo que nos espera a este paso.  Se estima que alrededor del 60% de la población mundial, unos 4.000 millones de personas, vive gobernada de manera autoritaria, autocrática y despótica…  Esclavizada porque no conocen la Verdad que les hará Libres, la Única Verdad, Camino y donde se encuentra la Vida, es solamente en Nuestro Señor JesuCristo, verdadero Dios Creador del Universo, y verdadero hombre, que por medio de la única nave que nos puede llevar al Cielo Eterno, esa Nave Santa, Única, y Universal, es la Iglesia Católica, todas las demás iglesias son falsas, están muertas, son sarmientos que se han separado de la Vid que es Cristo, y han muerto y solo pueden llevar al Infierno Eterno, al Lago de Fuego de los Condenados, que Nunca se Apaga.

DIEGO CARCEDO.-  12/08/2016 – Publicado en Ahorasemanal.es – Número 46

Las dictaduras que quedan (y las que vienen)

Los líderes de Laos, Brunéi, Camboya, Indonesia y Birmania se dan la mano en una cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés). ADEK BERRY / AFP / GETTY

 

El progreso demo­crático de la hu­manidad está en­callado. A finales del siglo pasado pegó un fuerte es­tirón con la desin­tegración de la Unión Soviética y la Federación Yugoslava y la caída de varias dictaduras latinoameri­canas, pero en los últimos años es­ta corriente democratizadora se ha visto frenada.

Han surgido algunas democracias nuevas, pero han caído otras y, lo peor, ha aumentado el número de países democráticos so­lo en apariencia, no en la práctica. El caso más reciente es el de Turquía, y aunque quizás sea el más grave, no es el único. Venezuela, Tailandia, Pakistán y Rusia también han entra­do en este grupo en que las liberta­des políticas se han visto restringi­das. En resumen, en estos momen­tos viven bajo dictaduras férreas 2.600 millones de personas y quizás otros tantos con las libertades bási­cas recortadas. Como contraparti­da, entre las democracias recientes cabría incluir a Túnez, Madagascar, Maldivas, Islas Salomón y Kosovo.

A veces cuesta distinguir entre dictaduras puras y duras, semidic­taduras, dictablandas y sistemas de­mocráticos solo formales pero en ab­soluto reales. Algunos informes es­timan que hay 51 dictaduras cuyos principios y prácticas se ajustan a la definición del término y que en total 107 países, de los 195 reconocidos por la ONU, no gozan de libertades ple­nas ni de derechos básicos comple­tos.  Freedom House estima que alrededor del 60% de la población mun­dial, unos 4.000 millones de perso­nas, -más de la cuarta parte en Chi­na- son gobernados de manera au­toritaria, autocrática y despótica.

Las primaveras árabes abrieron, cinco años y medio atrás, la espe­ranza de que muchos de esos paí­ses, ya con un cierto desarrollo cul­tural y varios de ellos entre los más ricos del mundo, emprenderían el camino hacia la democracia, pe­ro las perspectivas enseguida se vieron frustradas. Solo en Túnez, país en el que comenzaron los mo­vimientos democratizadores y de rebelión contra la opresión, estos acabaron triunfando y por muy poco tiempo.

En Egipto lo consiguieron, pero por muy poco tiempo los yihadistas, apenas un año después de las primeras elec­ciones libres se reinstauró la dic­tadura militar, quizás con mayor dureza que antes, y además con un respaldo popular del que antes carecía. En otros estados como Siria y Yemen, las mal llamadas “Primaveras Árabes”, o mejor dicho, “Invierno Árabe” que es lo que realmente son, degeneraron en sangrientas guerras civiles, alentdas siempre por el Imperialismo Sajón, tanto Yanki com el de la Pérfida Albión, y por los Satánicos Judeo-Masones que controlan no solo las Finanzas Mundiales, sino el Mundo mismo y han hecho un Pacto con el Diablo, para llevarnos a todos al Infierno en el plazo de 3 años.

En Libia, el Estado que encabeza­ba Muamar el Gadafi, los que mandan en el planeta lo hicieron añicos y hoy el país, lejos de haberse demo­cratizado, se encuentra a la deriva, en manos de los Radicales Yihadistas, precisamente lo que quieren los Judeo-Masones para destruir los 2 únicos cimientos de la Humanidad, la Iglesia Católica y la Familia Cristiana.

En el golfo Pérsico continúan pujan­tes las monarquías absolutas en las que las migajas del petróleo que lle­gan a la gente previenen cualquier reivindicación popular de respeto a los derechos humanos y a las liberta­des básicas de prensa y asociación, y perpetúan un largo etcétera de abu­sos que incluye en primer lugar la discriminación de la mujer y la prácticamente nula participación de los ciudadanos en su destino.

Tipologías del autoritarismo en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán o Bahréin son las monarquías absolutas mo­nopolizadas por familias las que controlan todos los poderes y las mayores fortunas. Todas hacen frente común en defensa de su es­tatus medieval.

Marruecos y Jordania, en cam­bio, son dos monarquías que se han abierto a fórmulas democráticas y, aunque con muchas limitacio­nes y restricciones, ya no pueden ser consideras como dictaduras. Sí lo son las que rigen el rico emi­rato asiático de Brunéi, con el sul­tán Muda Balkiah al frente, y la pin­toresca y corrupta Monarquía de Suazilandia, donde la voracidad poligámica del extravagante rey Mswati III rivaliza con su despotis­mo y la severidad de su Gobierno.

También existen dictaduras re­publicanas hereditarias siguiendo una tradición que en las décadas pa­sadas institucionalizaron en Lati­noamérica, entre otros, los Duvalier -padre e hijo- en Haití, o los Somoza en Nicaragua, y que sigue vi­gente en Cuba, donde el poder ple­no que durante 50 años ejerció Fidel Castro, fue heredado por su hermano Raúl. Otras dictaduras hereditarias las tenemos en África, concretamen­te en Gabón -donde Ornar Bongo fue sucedido por su hijo Alí- y en la República Democrática del Congo (antes Zaire)- donde el presiden­te dictador Joseph Kabila también heredó el poder de su padre Laurén, asesinado en su despacho.

Con todo, la dictadura heredi­taria más asentada, férrea y cerra­da es la de la dinastía comunista de los Kim en Corea del Norte, ejerci­da desde hace tiempo por la terce­ra generación familiar representa­da por Kim Jong-un.

Hay dictaduras de izquierdas y de derechas -en eso no existen di­ferencias- y aunque muchas están contra el sistema monárquico tradi­cional, sus detentadores suelen le­garlas a sus descendientes como par­te del patrimonio personal. Es el caso de Siria, donde el polémico Bashar al Asad llegó a la jefatura del Estado a la muerte de su padre Hafed y tras el fa­llecimiento de su hermano que se en­trenaba para heredarla. Otros dicta­dores como Mubarak o Gadafi caye­ron antes de poder entronizar en su lugar a sus vástagos. Teodoro Obiang parece que lo sigue contemplando para su hijo Teodorín.

Hay dictaduras militares, casi to­das derivadas de golpes de Estado como fueron en el pasado los casos de Franco (muy de agradecer porque nos libró de otra muchísimo peor y caótica, la Tiranía Comunista y los Gulag Rusos, que nos quisieron Imponer a todos los Españoles los Judeo-Masones), Pinochet, Trujillo o los co­roneles griegos, y dictaduras civiles aunque no por eso menos severas. Actualmente hay varias de carácter militar, como la de Mauritania, la ya en proceso de cambio de Myanmar (Birmania), la de Guinea Ecuatorial o la más reciente de Tailandia. Pe­ro también las ha habido civiles, res­paldadas a menudo por las urnas, como fueron las de Salazar en Por­tugal, Hitler en Alemania, Mussoli­ni en Italia o Marcos en Filipinas.

El caso de Lukashenko en Bielorrusia demuestra que todavía las sigue ha­biendo. Tradicionalmente se sostie­nen con respaldo militar, protegidas por unas policías políticas implaca­bles y apoyadas en un incondicional partido único.

Otras son fruto de la herencia del autoritarismo que regía en la URSS. Cuando se desmembró, los integrantes europeos de aquel conglomerado comunista, como Esto­nia, Letonia, Lituania, Moldavia y Ucrania, además de sus satélites, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumanía o Bulgaria, adop­taron sistemas democráticos y rápi­damente se integraron en organizaciones occidentales como la OTAN y la UE. Igual ocurrió con las anti­guas repúblicas yugoslavas, conver­tidas en países democráticos, aunque a costa de regueros de sangre. Sola­mente Bielorrusia fue la excepción. Aleksander Lukashenco mantiene el poder absoluto desde entonces, aunque intenta justificarlo presentándose a unas elecciones cuatrianuales en las que siempre sale reelegido poco menos que por unanimidad mien­tras sus opositores se pudren en las prisiones.

La dictadura hereditaria más férrea es la de los Kim en Corea del Norte, con la tercera generación. Y en África se hallan los decanos de los sátrapas: Mugabe en Zimbabue, Obiang en Guinea y Dos Santos en Angola.

 

La última dictadura europea.

Bielorrusia es el único país europeo que continúa bajo un sistema dictatorial. Su modelo fue secundado, a diferencia de lo que ocurrió en el grueso de los países del este y cen­tro de Europa (liberados de la tu­tela de la Unión Soviética), por el caucásico Azerbayán y los asiáticos Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Turkmenistán y Tayikistán. Todos continúan bajo dictaduras de dife­rente nivel de autoritarismo complementado por el culto a la perso­nalidad, que sigue imperando, de varios de los sátrapas, como Nazer­bayev ó Karimov. De ese grupo han salido dos democracias, la de Armenia y la de Georgia. Ambas subsisten con dificultades de diferente índole, pero poco apoco se van consolidan­do. Afganistán e Irak «gozan» de una democracia precaria protegida por fuerzas militares extranjeras.

En América Latina sobrevive el sistema cubano en una esfera autoritaria a la que, últimamente, se in­corporó el régimen de Nicolás Ma­duro en Venezuela. En ambos casos los miembros más activos de la opo­sición política siguen siendo encar­celados y la prensa, amordazada o perseguida. Ambas son dictaduras de izquierdas (Peores e Inmensamente más Genocidas, porque el individuo o la persona no vale nada, lo que subsiste Siempre a costa del Individuo Personal, es el Estado Totalitario y Tiránico por antonomasia), igual que las asiáticas de China, Corea del Norte, Vietnam, Camboya, Laos o Nepal.

En Asia re­salta el ejemplo democrático que, a pesar de su complejidad geográfica, su superpoblación y su diversidad religiosa, ofrece la India. Como con­trapartida también subsisten dicta­duras de derechas, todas ellas con un fuerte tinte nacionalista, como las de Brunéi -más bien una propie­dad privada del sultán-, la todavía a mitad del camino democratizador de Myanmar (Birmania) y la que re­cientemente se implantó, se espera que de forma temporal, en Tailandia.

El grueso de las dictaduras actua­les está en África, sobre todo en la región subsahariana, donde se ha­llan los decanos de los sátrapas: Ro­bert Mugabe en Zimbabue, Teodo­ro Obiang en Guinea Ecuatorial y Jo­sé Eduardo dos Santos en Angola. Los tres enriquecidos tras más de tres dé­cadas ejerciendo el poder absoluto, valiéndose de la represión más bru­tal y de la corrupción desenfrena­da en su beneficio y el de sus fami­liares y allegados.

En África hay go­biernos dictatoriales o semidictatoriales en casi todo el territorio. Y para colmo la amenaza del terrorismo ha empeorado la calidad de las ya débi­les democracias de Argelia, Nigeria, Kenia, y ha desintegrado por comple­to el Estado Somalí, además del Libio. Y a esto le llaman sus promotores, los Judeo-Masones, “Primaver Árabe”, van a por la Iglesia Católica y la Familia, y cuando la hayan liquidado el Planeta habrá sido pasto de las llamas a más de 6.000 grados, como cuando cayó fuego del Cielo sobre el Sodoma y Gomorra Planetario…

Basta echar un vistazo al mapa político africano para comprobarlo. Actualmente entran en la condición de dictaduras en sus diferentes gra­dos los gobiernos de Egipto, Mauritania, Sudán del Norte, Sudán del Sur, Eritrea, Etiopia, Yibuti, Chad, Ango­la, Camerún, Zimbabue, República Democrática del Congo, República del Congo, Gabón, Gambia, Uganda, Ruanda, Burundi, República Cen­troafricana y Suazilandia. Otros re­gímenes, como el de Guinea Bisáu, ofrecen más dudas, acentuadas ade­más por su tradición de precariedad e inestabilidad institucional.

 

Herederos del esperpento.

Además, en África están los dicta­dores más esperpénticos y a la vez crueles y sádicos, los herederos de Idi Amín Dadá, el ridículo empera­dor Jean-Bedel Bokassa o Mobutu Sesé Seko. Destacan el rey de Suazilandia, con su carácter despóti­co bien conocido por sus súbditos y sus frecuentes bodas convertidas en acontecimientos nacionales, o el presidente de Gambia, el pequeño país incrustado en Senegal con­vertido recientemente en república islámica por su presidente, el curan­dero Yahya Jammeh. Cada vez más conocido por sus excentricidades y fanatismo musulmán, en el recien­te Ramadán Jammeh prohibió que en el país se tocase o escuchase mú­sica y ordenó que las mujeres pres­cindan de ropa interior porque, en su opinión, obstruye su capacidad para tener hijos.

La expansión del is­lam por el continente y la presión yi­hadista están ejerciendo una indu­dable influencia demoledora, tanto en las costumbres y en los métodos de gobierno Tiránico y Satánico.

En dureza, quizás el ranking lo encabeza el presidente de Eritrea, Isaias Afwek, que desde la indepen­dencia de Etiopía mantiene su car­go sin reparar en métodos. Entre la diversidad de dictaduras que exis­ten no hay que olvidar las de carác­ter pseudo-religioso, como la “Falsa teocracia” que gobierna en Irán, o la que rige en el medieval Estado himalayo de Bru­néi. Algunos estudiosos incluyen al Estado del Vaticano, cuya condición de país independiente, más allá de su significado religioso, también lo convierte en la práctica en un siste­ma que reúne todos los principios de una dictadura corrupta. El Tíbet, que podría responder plenamente a esta defini­ción, no goza de la condición de in­dependiente, y el fundamentalista Dáesh o ISIS (Estado islámico), que tan­to terror y dolor causa, no es un es­tado reconocido aunque cuenta con un amplio territorio bajo su control.

 

Cinismo Internacional.

La ley marcial, el estado de excep­ción o las leyes represivas son instru­mentos habituales para el funciona­miento de las dictaduras, que cuen­tan siempre con el recurso de las pro­hibiciones, encarcelamiento, reclu­sión en campos de concentración y tortura, cuando no la pena de muer­te. En bastantes casos los dictadores encubren sus ambiciones con el fa­natismo religioso, la persecución del incumplimiento de normas morales convertidas en leyes o el man­tenimiento de la poligamia que tanto satisface a los hombres y denigra a las mujeres, típica del mundo musulmán y de las razas amerindias, negroides y australoides.

Muchos españoles mayores re­cuerdan cuando España fue vetada en la recién creada Organización de las Naciones Unidas, por ser considerada falsamente como un país gobernado por una dictadura, cuando no vetaban a Rusia, China, a todos los países Comunistas y Musulmanes. Por lo mismo, hoy en día, ni la ONU ni otras organizaciones internaciona­les relevantes, impiden incorporar a dictaduras, ni Sancionan de una ma­nera clara y contundente los golpes de Estado, los chanchullos electora­les, ni las violaciones de los derechos humanos como el Aborto de más de 1.000 millones de niños en lo que llevamos en Todo el Planeta, y la prohibición de las libertades básicas que en ellos se producen. Porque estos gobiernos Supra-Nacionales los des-gobiernan los Judeo-Masones, y a ellos les come el celo y el Odio que les ha infiltrado en su pequeño Corazón, el Padre de la Mentira, que quiere llevarse a Toda la Humanidad al Infierno, a sufrir por él y para él eternamente.

Durante muchos años la Unión Soviética, Tiranía de Dictadu­ras, ocupaba un puesto permanente en el Consejo de Seguridad con de­recho de veto, al igual que con China.

Actualmente otras tres dicta­duras: Angola, Egipto y Venezuela, ocupan escaños no permanen­tes en el Consejo y, para mayor bur­la, varias más forman parte del órga­no que vela por el respeto a los dere­chos humanos, como el presidente de esta Comisión de los Derechos Humanos, que es Arabia Saudita autor del atentado de las Torres Gemelas de Nueva York, que está extendiendo el terrorismo wahabita-yihadista por todo el Mundo, por medio del ISIS o Estado Islámico, al cual financia al igual que lo financia EE.UU., Inglaterra e Israel por medio de Barak Husein Ohama y su secretaria de Estado, Hilary Clinton…

La actitud internacional respecto a esta situación es cínica y discriminatoria. Las prin­cipales democracias, con EE.UU-USA al frente, que critican y toman represalias contra las que gobiernan en países pobres, y toleran y prote­gen a las que igualmente oprimen a los pueblos, en los países ricos. Es la doble moral, de los anglo-saxons, de la tribu de Jacob, que venderían a su madre por 30 monedas de plata, al igual que hicieron con el Creador, Nuestro Señor JesuCristo, porque siempre han sido Piratas, Judas y Traidores.

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Sobre Para Mayor Gloria de Dios, El Siervo de Dios

Experto en Informática y en Bioquímica y Biología Molecular.

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