Testimonio de D. Manuel Palero – Presencia de lo Sobrenatural en Amparo – Apariciones de la Stma. Virgen María en Prado Nuevo (El Escorial, Madrid).

Testimonio sacerdotal

Encuentro con D. Manuel Palero

El P. Palero, sacerdote diocesano de Alcalá de Henares, conoció a Luz Amparo en los años 80, y tuvo la oportunidad de presenciar algunos hechos significativos que le hicieron creer en la autenticidad de las manifestaciones de Prado Nuevo. De Amparo destaca su humildad y —como él mismo refiere— sus conocimientos de Teología, algo que solo se puede explicar, en una mujer analfabeta como ella, por la asistencia del Espíritu Santo y la singular protección de la santísima Virgen.

 

Presencia de lo sobrenatural en Amparo

D. Manuel Palero Rodríguez-Salinas es un sacerdote diocesano con 70 años de Sacerdocio, «Alter ChristusIpse Christus« (como Otro Cristo, como el Mismo Cristo ), de de la Diócesis de Alcalá de Henares que cumplirá —D. m.— 95 años, el próximo mes de octubre. Nacido en Alcalá de Henares en octubre de 1924, fue ordenado sacerdote el 3 de abril de 1949 por el Sr. Obispo de Madrid-Alcalá, Mons. D. Leopoldo Eijo Garay (1878-1963).

Ha ocupado diversos cargos eclesiásticos: canónigo de la Santa e Insigne Magistral, párroco de Santa María la Mayor y, desde hace décadas, ejerce su ministerio como capellán Hospital de Antezana – Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia (Iglesia de “El  Hospitalillo”), amén de ser Confesor de muchos Sacerdotes, de las MM. Carmelitas y de buena parte de los Católicos de la ciudad complutense, porque a sus 94 años, se pasa en el Confesionario de 8 a 9 horas diarias, sin descanso…

También organizó la Legión de María en Alcalá de Henares, ha formado a más de 150 chicos y chicas jóvenes, de los que han salido ¡ 33 vocaciones !, y seis de la Legión de María están en el Carmelo de Alcalá de Henares (Madrid).

El 4 de septiembre de 2014, la Junta Directiva de la Asociación Diocesana de los Santos Niños Justo y Pastor acordó formalmente y por unanimidad, nombrar al Rvdo. don Manuel Palero Rodríguez-Salinas Capellán de Honor de la Asociación.

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Una representación de la revista «Prado Nuevo» estuvo visitándole, para que nos contase, de primera mano, su testimonio sobre este lugar de aparición. Experto conocedor de la espiritualidad carmelitana —no en vano lleva más de 30 años como confesor del Convento de las MM. Carmelitas de Alcalá de Henares (Madrid)— reconoce en Amparo una presencia especial de lo sobrenatural, que no duda proveniente del Cielo.

Confesor de las carmelitas y formador de la Legión de María

«Yo llevo muchos años confesando a las carmelitas, en el convento de la madre Esperanza —se refiere a la Priora de las MM. Carmelitas de esta ciudad—. Cuando la gente de Alcalá iba a Prado Nuevo, las carmelitas aún no tenían imprenta; yo tenía una multicopista. Así que me daban en casete los mensajes que recibía Amparo; entonces, había que descifrarlos. Antes, nadie lo hacía; por eso los hacía en multicopista, en pliegos, y los repartía por Alcalá. Luego ya cerró una imprenta aquí en Alcalá; uno de los oficiales tenía una hermana en las carmelitas y llevó el material a las carmelitas. Por eso, en Alcalá, el único sacerdote —porque los demás eran todos adversos— que hacía fotocopias de los mensajes de Amparo era yo… Había unos trescientos, unos trescientos o cuatrocientos… que se repartían aquí por Alcalá. El casete pequeño la gente los reproducía.

Luego, ya pasado el tiempo, conocí a Amparo; no fui al Escorial, sino que vino Amparo en una ocasión a las carmelitas —ya digo que llevo confesando más de 30 años a las carmelitas—. Además, aquí organizamos la Legión de María con la juventud; he tenido a más de 150 chicos jóvenes, chicos y chicas —formándose con la ayuda de otro sacerdote—, de los que han salido ¡33 vocaciones!, y seis de la Legión de María están en el Carmelo de aquí.

Primer encuentro con Luz Amparo

Conocí a Amparo en el convento de las carmelitas; ella salía del convento pero, como era la hora de comer, las monjas nos hicieron una ensalada y yo comí con Amparo. Hablamos ya entonces, y a mí me maravilló que Amparo conociera, por ejemplo, toda la jerarquía de los ángeles. De Teología sabía en algunas materias tanto como yo.

Una de las veces que vi a Amparo estaba Julián (se refiere a Julián Argüello); tenía que volver a Prado Nuevo, porque tenía el Rosario allí… Pues es que resulta que ¡estaba aquí, y en el Rosario de Prado Nuevo también estaba! Fue una bilocación (se refiere el P. Palero a uno de los carismas de Luz Amparo: ese día estuvo en Alcalá con él y, a la vez, en Prado Nuevo rezando el Rosario, de lo que muchas personas que la vieron dieron testimonio en ésta y otras ocasiones).

Testigo de una estigmatización

Una de las veces que vino Amparo a Misa, yo tenía que celebrar en Alcalá; como yo lo sabía, avisé al Vicario de religiosas, que era D. Hermenegildo ya fallecido, Vicario de la diócesis de Madrid-Alcalá. D. Hermenegildo me dijo que concelebrara, pero como había muchas personas aquí, en Alcalá, que se habían enterado que venía Amparo, ya estando en la Capilla de las Carmelitas, le dije: “Mire, D. Hermenegildo, yo me voy a quedar aquí, por si acaso —que si huele, que si no huele…1—, para poner paz”. Y nada, me senté al lado de Amparo. Comenzó la Santa Misa, y cuando D. Hermenegildo consagró, oigo un “¡Ah, ah, ah…!” (imita una respiración fuerte y profunda). Y vi a Amparo, ¡cómo le aparecían los estigmas!… Terminó la Misa y —bueno— D. Hermenegildo, que se dio cuenta porque bajó a darle la Comunión, porque estaba en el segundo banco… “Hija mía, abra la boca”… Al ver lo que ocurría, empezó una Salve lenta, y luego entonó “Toma, Virgen Pura”, y se volvió al altar, mientras yo me quedé con Amparo viendo como desaparecían los estigmas, sin dejarle huella, desapareciendo todos los estigmas también. Me dijo entonces Amparo: “Podía usted haber cogido la sangre, con ello hubiera sanado a algunos enfermos”… Lo dijo así, sin mayor complicación. Amparo era humilde y tan sencilla que, a lo mejor, la gente la alababa, y —bueno— eso no le gustaba.

Experiencia durante la Misa

Estaba celebrando la Misa y Amparo estaba en la capilla. Cuando llego el momento de la Consagración, noté que me quedaba “sin peso”; era la sensación de no pisar el suelo; no estaba en el aire, pero no pesaba. En cuanto terminó la consagración, esa sensación desapareció. Cuando terminó la Misa, le dije a Amparo lo que me había pasado y me dijo: “Es que ha estado la Virgen, desde la consagración hasta la comunión, junto a usted”….

Estaba ese día hablando con ella, y pasó una señora a nuestro lado, una feligresa. Me coge del brazo Amparo y me dice: “Padre, tenga usted cuidado”. “¿Yo? ¿De qué?”. “Una prójima anda detrás”, me dice —dirigiéndose a esa señora—. “¡Anda, mira! — pensé—, ¡ésta que tanto presumía de piadosa!”. Y me la quité de encima.

Así que con Amparo he tenido yo varias experiencias. ²

1 Es probable que se refiera al perfume sobrenatural que, por entonces, emanaba alrededor de Amparo.

 

En un recuadro:

Acerca de la apariciones marianas

«Este texto —comenta el P. Palero—, con ocasión del estreno de una película sobre Garabandal, lo leí en la Misa». Reproducimos un extracto del mismo:

«Con ocasión del estreno de la película sobre las apariciones de María en Garabandal, se ha originado controversia acerca de las de El Escorial, que me induce a tratar el tema en general.

Las apariciones y mensajes de María nos avisan de que el mundo está en peligro. 

Las apariciones nos llaman a la conversión, a la oración, a la penitencia. Están más en conformidad con la fe y la moral que la doctrina y vida de muchos eclesiásticos. Por eso se produce una acogida incomoda por los “doctores de Israel”, que no aceptan los hechos, a veces milagrosos, aunque se evidencien sus prodigiosos efectos.

Es norma exigir en la persona vidente humildad, obediencia, salud mental, dirección espiritual; y entender por nuestra parte que los mensajes infusos se hacen explícitos con palabras y lenguaje de la persona —la mayoría de las veces sencilla, inculta, humilde— que los recibe.

En el caso de El Escorial, cuando la vidente está recibiendo la locución, María la interrumpe para decir: “Tu, hija mía, sé humilde”, y luego prosigue.

Las revelaciones privadas (y no son tan privadas), no obligan en conciencia y han de estar en conformidad con el “depósito de la fe” y Magisterio perenne de la Iglesia. Suplen la deficiencia de nuestras creencias y ayudan a nuestra santificación y salvación».

 

Pbro. D. Manuel Palero Rodríguez-Salinas

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Sobre Para Mayor Gloria de Dios, El Siervo de Dios

Experto en Informática y en Bioquímica y Biología Molecular.

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